Análisis:¿Qué consecuencias tendrá la retirada de EE. UU. para la acción climática internacional?
“Piensa mal y acertarás”. El refrán le viene como anillo al dedo a un Donald Trump al que se le puede acusar de muchas cosas, pero el no ser explícito sobre sus objetivos ya no es una de ellas. Al Trump 1.0 errático del primer mandato, le ha sucedido un Trump 2.0 determinado a desmontar el orden mundial que ha regido las relaciones internacionales durante los últimos 80 años y del que su país fue un arquitecto central.
El pasado 7 de enero, el presidente estadounidense ordenó retirar a su país (tanto de la membresía como de la financiación) de 66 organizaciones, tratados y convenciones internacionales. 31 de esas organizaciones son de las Naciones Unidas y trabajan principalmente para coordinar e impulsar la acción frente al cambio climático, y a favor de las energías renovables y el desarrollo sostenible.
Es la crónica de una muerte anunciada. Trump ya lo dejó entrever en su discurso en la tribuna de la Asamblea General de la ONU en Nueva York en septiembre pasado, y ya lo dejó meridianamente claro el 25 de noviembre cuando publicó su Estrategia de Seguridad Nacional. La operación en Venezuela para detener al presidente de facto del país Nicolás Maduro y a su esposa, este 3 de enero, fue la prueba más evidente de que Trump cumple algunas de sus amenazas, independientemente de lo inimaginables que nos puedan parecer a muchos.
Cómo entender la “gran” retirada estadounidense
La retirada de Estados Unidos de 66 organismos internacionales no es un simple repliegue o abandono pasivo del multilateralismo, sino que lo vemos como un misil en la línea de flotación de las instituciones que sostienen la cooperación global. No solo se trata de salidas aisladas, sino de un intento sistemático de desacreditar y vaciar de recursos las instituciones que componen la arquitectura política, científica y financiera que ha facilitado la acción climática y sostenible desde hace décadas.
Entre los organismos de los que Estratos Unidos se desvincula están las principales organizaciones políticas y científicas de gobernanza climática, la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático y el IPCC. También están organizaciones clave para la promoción del desarrollo sostenible como UNDESA y organizaciones no onusinas que promueven el desarrollo de las energías renovable como son IRENA o REN21.
Las decisiones de Trump ya podían intuirse al escuchar con detenimiento su discurso ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2025, donde calificó el cambio climático como “la mayor estafa jamás perpetrada en el mundo” y advirtió a sus homólogos en la sala “si no os alejáis de la estafa de la energía verde, vuestro país va a fracasar”.
En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada en noviembre de 2025, la administración de Donald Trump, puso negro sobre blanco que la concertación multilateral a través de instituciones internacionales no sería su herramienta preferida sino que la fuerza y la dominación militar y económica serían las principales herramientas de una política exterior puesta al servicio del objetivo principal de su administración que es poner a “América primero” (“America First”) y “Hacer a América grande de nuevo” (“Make America Great Again”).
Leyendo la estrategia en detalle, se entiende claramente que más allá de “limitar el multilateralismo”, lo que Trump busca es mover el centro de la decisiones de los foros multilaterales a Washington o, en el mejor caso, al bilateralismo y a una gobernanza basada en su influencia regional de dominación del hemisferio occidental, todo ello no regido por principios universalistas dictados por la Carta de las Naciones Unidas u otros tratados internacionales, sino por los intereses de seguridad y económicos de Estados Unidos.
¿Qué podemos esperar ahora?
A la luz de las declaraciones y las acciones hasta ahora de la administración de Donald Trump, entrevemos que su política climática internacional estará basada en los siguientes principios:
- Energía y dominancia de combustibles fósiles: Estados Unidos va a dar prioridad a la producción y exportación de petróleo, gas y carbón tanto en su territorio como en sus áreas de influencia, minimizando la transición energética, lo que choca frontalmente con la transición en curso hacia más renovables.
- La diplomacia de la fuerza y la dominación: desde acciones militares en América Latina hasta tensiones geopolíticas en el Ártico, la política exterior se orienta a un rol más de dominación por la fuerza que de cooperación.
- Desinformación y ataques a la ciencia, acoso a científicos y activistas: desmantelamiento y recortes en instituciones que producen informes científicos clave, eliminación de datos oficiales relacionados con el clima, via libre a la desinformación y bajo pretexto de la necesaria libertad de expresión.
Es previsible que en los próximos meses sigamos viendo declaraciones y acciones hostiles al multilateralismo, como parte de un intento más amplio de desmantelar el orden internacional que ha configurado las relaciones globales durante décadas. Sin embargo, esto no implica necesariamente el fin de la cooperación internacional como tal. Más bien apunta a una transformación profunda de cómo se organiza, se gobierna y se ejerce esa cooperación.
A medida que el multilateralismo basado en instituciones se debilita, la cooperación está adoptando formas cada vez más fragmentadas y menos centralizadas: coaliciones más pequeñas de países, alianzas ad hoc, bloques regionales y asociaciones centradas en temas específicos que se articulan en torno a la tecnología, el clima, la energía o los recursos naturales.
Este orden emergente se define menos por reglas universales y por instituciones compartidas, y más por esferas de influencia, intereses estratégicos y arreglos flexibles diseñados para avanzar prioridades nacionales o regionales. El riesgo es evidente: más rivalidad, menos confianza y brechas crecientes en ámbitos (como la paz y la seguridad) donde la cooperación ya muestra claros signos de debilitamiento.
En este contexto, el reto para los actores del clima y la sostenibilidad no es solo defender el sistema multilateral tal y como lo hemos conocido, sino comprender, anticipar y contribuir activamente a dar forma a estas nuevas modalidades de cooperación, asegurando que sigan siendo capaces de ofrecer respuestas colectivas a riesgos globales que ningún país ni ninguna organización pueden afrontar en solitario.
Autoría: 10 Billion Solutions – Comunicación sobre clima y sostenibilidad
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Foto de portada: El presidente Donald Trump pronuncia unas palabras ante los republicanos de la Cámara de Representantes en el Donald J. Trump – John F. Kennedy Center. Crédito: Casa Blanca


